Después
de unas cuantas exposiciones (mi equipo sigue sin pasar) la maestra decidió
aplicarnos un “quiz”. Y digo “quiz” entre comillas porque jamás había tenido un
examen tan didáctico y divertido como ese: El juego de la Oca.
En
el salón se formaron tres equipos y con la ayuda de unos dados virtuales, un
proyector y unas fichitas de cartón nos dispusimos a jugar. El trato era que el
equipo ganador obtendría un 100, el segundo 80 y el último 60. Lo anterior, por
supuesto, despertó el espíritu competitivo que hay en nosotros (en unos más que
en otros).
“Es
trampa” decían algunos, “no es justo” exclamaban otros, “este juego está
sacando lo peor de ustedes” repetía la maestra. Pues claro, a nadie le gusta
perder. Dirían algunos que “el que se enoja pierde”… y el que pierde también se
enoja. Al final, otro equipo resultó ganador, pero la maestra decidió ponernos
100 a todos (así es, sólo estaba jugando con nuestros sentimientos).
En la comunidad
Era
un tranquilo Lunes, en una soleada tarde, cuando entro al salón y veo las
sillas vacías. No tuve ni tiempo de preguntarme ¿dónde estarán mis alumnos? Cuando
de pronto veo tres cabecitas agachadas y escondidas detrás de las sillas, las
cuales de pronto saltan y gritan ¡sorpresa! La verdad no me sorprendí, pero sí
lograron sacarme una sonrisa. Sobre todo Luis Abel, pues había vuelto a clase y
yo ya tenía miedo de que hubiera desistido (ya que le cuestan trabajo las
matemáticas).
De
pronto uno de los niños dice “aay pero faltó la otra maestra” y tenían razón, mi
compañera todavía no había llegado. Entonces la vi llegar por la ventana
(nuestro salón tiene vista hacia la calle), y les dije ahí viene ya. Los niños
volvieron a esconderse, y yo decidí seguirles la corriente. Ahora estábamos los
4 agachados detrás de las sillas para sorprender a Edelmira cuando entrara, me
sentí volver a mi niñez por unos minutos. Fue divertido. Cabe aclarar que
Edelmira tampoco se sorprendió (creo que las risas y murmullos eran muy obvios),
pero mínimo logramos sacarle también una sonrisa.
Después
de las “sorpresas” nos pusimos a trabajar, repasamos los temas que vendrían en
su examen de medio término y logramos poner a Luis Abel al corriente con los temas
que se perdió cuando faltó.
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Luis Abel poniéndose al corriente con el tema de Billetes y Monedas.
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Respecto
al miércoles, la aplicación del examen fue un fracaso. Ya que sólo pudimos aplicárselo
a Carolina porque tanto Andrea como Luis Abel faltaron a la clase. No sé si
será por miedo al examen, o porque están estudiando para los exámenes de su
escuela primaria, o quizá simplemente no pudieron venir. Pero dicen que siempre
hay algo bueno dentro de lo malo y en esta ocasión la buena noticia es que a
Carolina le fue muy bien en su examen (aunque en realidad no me sorprende). La
verdad, estaba más interesada en saber cómo le iría a los otros dos alumnos
pues son quienes más batallan con los temas. En fin, les aplicaremos el examen
la próxima semana.
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Carolina, la única que presentó el examen.
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El examen de Carolina.
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Edelmira y Carolina revisando los incisos en los que se equivocó.












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