jueves, 28 de febrero de 2013

Semana 7: Carita feliz, carita triste.

Dentro del salón de clases

Esta clase expuso el último equipo que había quedado pendiente: La pobreza en México. Se habló de como muchas veces confundimos pobreza con humildad y de como la pobreza puede ser relativa. Sin embargo, esta vez lo que más captó mi atención fueron los 5 mitos de la pobreza, los cuales les comparto a continuación:

                 1)       La pobreza desaparece cuando hay crecimiento económico.
                 2)     La pobreza es un problema importante, pero hay otros.
                 3)     Acusemos a la naturaleza.
                 4)     La gente pobre carece de la capacidad de programar sus gastos.
                 5)     La culpa de la pobreza la tienen los pobres.

Cabe recalcar que los mitos anteriores son TOTALMENTE FALSOS, y más que realidades son las creencias generalizadas de quiénes no estamos, en cierto modo, familiarizadas con la situación. Es decir, dichos mitos surgen a raíz de la ignorancia que las personas solemos tener acerca del tema de la pobreza, sus causas y consecuencias.

En la comunidad

Esta semana intentamos recuperarnos de los temas atrasados de la clase anterior, pero la verdad es muy difícil ir a un ritmo más avanzado cuando no todos los alumnos tienen el mismo nivel. En general en el salón, Carolina siempre termina primero y no encuentra cómo entretenerse; a Andrea le cuesta trabajo pero se concentra y termina la actividad; pero Luis Abel se distrae mucho y siempre es el último en terminar todas las actividades (si es que la termina, sino hay que ayudarlo a terminarla).

En realidad, si la clase se atrasa no es porque nuestros alumnos no sepan matemáticas sino porque dos de ellos (Andrea y Luis Abel) no son tan ágiles con la lectura y escritura y se tardan muuuucho leyendo las instrucciones (cuando les entregamos hojas de trabajo) y anotando en sus cuadernos (cuando les pedimos anotar ejercicios). Si no logramos ponernos al corriente, creo que le daremos prioridad a que los niños comprendan bien los temas antes que a terminar con el programa establecido al inicio del curso.

También, esta semana empezamos a utilizar uno de los consejos que la maestra nos dio en clases. Aplicamos lo de la carita feliz y carita triste en el pizarrón para ver si esto nos ayuda a controlar a los niños. Hasta ahorita parece funcionar, ya la próxima semana veremos si sigue teniendo efecto.

Como siempre los dejo con fotos de las clases.




Enseñándoles sumas y restas.
A los niños les encanta pasar al pizarrón.
Didia Carolina, siempre la primera en terminar.
Ellos atentos a la clase y trabajando.

Revisando el tema de número cardinales y ordinales.

sábado, 23 de febrero de 2013

Semana 6: Primeros Parciales, Prueba Superada.

Dentro del salón de clases

Definitivamente, la clase de esta semana se me ha hecho la más interesante de todas. ¿Por qué? pues porque hablamos precisamente de temas muy interesantes. No los típicos temas aburridos de democracia, conceptos confusos, bla bla bla sino de cosas más profundas y actuales como los problemas de nuestra localidad y del mundo. Lo que más me gustó fue la posibilidad que tuvimos de dialogar entre todos, cuestionarnos (a nosotros mismos y a los demás), exponer nuestros puntos de vista al respecto, contar anécdotas... En fin, ruego por más clases como esa, ¡esas en las que te dan ganas poner atención!

En la comunidad

Dar clases en la incubadora esta semana fue todo un reto, pero no precisamente por los niños (quienes se siguen portando igual de inquietos, pero eso ya lo superé), sino por la semana de exámenes parciales en el Tec. Bueno bueno, yo sé que todas las semanas son "un reto" nuevo. Es sólo que ésta en particular, más que un reto, fue una prueba, una prueba de fe. Y nooooooo, no me refiero a religión sino una prueba de fe EN TI MISMO.

Una prueba de que serás capaz de asistir a clases, terminar tus tareas, ir a la incubadora a dar las clases, ir a la asesoría, y volver a tu casa en la noche para estudiar para dos exámenes al día siguiente. Y todo esto dos veces en la misma semana, por si quedaba alguna duda de que fuera posible. 

No sé si estaré exagerando, puede que sí, puede que no, puede que sea muy quejumbrosa o puede que sea la mujer maravilla... No lo sé, pero así fue mi semana, y me alegra decir que ¡sobreviví! Naturalmente, tener otras responsabilidades aparte de ir a clases y hacer la tarea puede ponerte en aprietos de vez en cuando, sobre todo si dejas todo para el último momento (pues estamos muy ocupados disfrutando nuestro presente).  Me imagino que para todos esta semana habrá sido pesada, incluso para los que faltaron a la incubadora.  Sólo me resta decirles que lo bueno es que ya pasó, y que siempre vendrán tiempos mejoooores (8).

Los dejo con fotos de mis clases. Por cierto, al fin conocí a Andrea, la niña que salía en la lista pero no había ido. De pronto apareció en la clase, así nomás, como por arte de magia. La verdad me alegra porque así que volvemos a ser tres alumnos y dos maestras, ya no se siente tan vacío el salón.

Ella es Andrea, se las presento.
Andrea y Carolina pasando al pizarrón.


Carolina explicándole a Andrea lo que hemos visto las clases que ella no vino.


Luis Abel posando para la foto.

 Sus trabajos de la clase del Lunes (Luis Abel no fue).





 Los trabajos del Miércoles.

La competencia de la semana.

viernes, 15 de febrero de 2013

Semana 5: Seguimos aprendiendo.

Dentro del salón de clases

Después de pasar más de la mitad de la clase renegando, al fin pudimos terminar el tema de democracia que había quedado pendiente. En clase surgió un concepto que me llamó mucho la atención: APOROFOBIA.

La aporofobia consiste en un sentimiento de odio, indiferencia y/o rechazo hacia los pobres. Y me llamó la atención porque siento que muchos de nosotros la sufrimos. Ahora, con esto no quiero decir que seamos unas malas personas, sino simplemente creo que a eso es a lo que estamos acostumbrados (aunque no debería de ser así). Pónganse a pensar cuantas veces no nos portamos de modo grosero con alguna persona con menos recursos… ¿cuántas veces no hemos puesto “cara de fuchi” cuando alguien nos pide una moneda mientras vamos en el carro o por la calle, cuando un vagabundo se nos acerca, cuando tenemos que ir a una colonia de “bajos recursos”, a una escuela pública, a un hospital público? Estoy segura de que alguna vez en nuestra vida hemos tenido ese pequeño (ridículo y sin fundamento) sentimiento de orgullo que nos hace creer que somos mejor que los que nos rodean sólo por haber tenido más suerte. Desgraciadamente, vivimos en una sociedad que nos hace creer que mientras más tengas más vales y eso no es así.  Tener un mejor carro, una mejor casa, el último iphone, vestirte con ropa más cara… TODO ESO NO TE HACE MEJOR PERSONA. Las “cosas” que en realidad te agregan valor como persona son tu educación y tus valores. Pero claro siempre existirá quien confunda valor y precio, sólo recuerden que “Las cosas sólo tienen el valor que les damos.”  Molière.


En otros asuntos quiero contarles que ya ni me acordaba de lo compromisos que hicimos para combatir nuestra "huella ecológica", pero por suerte para mi sí los he estado cumpliendo. En realidad, hice un poco de trampa porque los compromisos que hice son cosas que ya hacía: no usar la lavadora con poca ropa y utilizar las hojas por ambos lados. El compromiso que queda pendiente es el de utilizar el aire acondicionado solo cuando sea realmente necesario. Ahorita en invierno no es difícil de cumplir, pero una vez que llegue el verano creo que ese será el más difícil de cumplir (considerando el clima de Culiacán).

En la comunidad

Estoy algo decepcionada porque no volví a ver a Agustín (el niño que salió llorando de mi clase la semana pasada). Y me dijeron que si asistió a clase de español pero a matemáticas ya no quiso regresar. Esto me deja con tan solo 2 alumnos (Carolina y Luis Abel) porque Andrea es hora que no se presenta a los cursos. Extraño tanto a Agustín que a Luis Abel no dejo de llamarlo Agustín, incluso ya me amenazó que si vuelvo a decirle Agustín otra vez tendré que llevarle un regalo.

Esta semana las cosas se salieron un poquito de control, como que los niños ya agarraron confianza y ahora es casi imposible controlarlos. En un punto de clase empezaron a correr en círculos por todo el salón (un mini salón como de 2x3 metros) y me llamaron regañona cuando intenté sentarlos. También esta semana empezaron las matemáticas a causar estragos en las mentes de los niños, sobre todo en la de Luis Abel porque Carolina parece dominar más todos los temas. Pero en fin, seguiremos avanzando.





El trabajo de Carolina.
El trabajo de Luis Abel.
El salón de matemáticas ahora decorado.



sábado, 9 de febrero de 2013

Semana 4: En sus marcas, listos... ¡fuera!

“El don más grande que podemos hacer a otros no es compartir con ellos nuestra riqueza, sino hacerles descubrir la propia.” – Benjamín Disraeli.

Dentro del salón de clases

Gracias al día de la Constitución Mexicana (5 de Febrero), no tuvimos clase el Lunes pasado (4 de Febrero), pero estuvimos preparándonos para el inicio de clases en la incubadora al día siguiente.

En la comunidad

Y bueno, empezaron las clases. Al fin pudimos conocer a los que serán nuestros alumnos por las siguientes 10 semanas. A mí me tocaron 2 niñas y 2 niños, todos de 6 años. Una de las niñas no asistió a clases, pero déjenme presentarles a los demás. 

Didia Carolina, es la más inteligente del salón.  
Luis Abel, es sin duda el más inquieto.
Agustín, es el más tímido y callado de todos.
Sólo falta Andrea, a quién espero conocer la próxima semana. Somos un grupo pequeño, son 4 alumnos y somos 2 maestras (Edelmira y yo). En realidad esto me parece muy bueno ya que nos permite dar una atención más especializada a cada uno de los niños.

Al momento de ver entrar niños pequeños a mi salón, la verdad me alegré pues no deseaba dar clases a niños más grandes pues suelen ser más inquietos, respondones y difíciles en general. Pensé que si daba clases a niños más pequeños, sería tarea fácil… ¡ERROR!

Ahora, hablando acerca de los retos que implica el ser maestra de niños tan pequeños, quisiera contarles lo que me sucedió la primera clase con uno de mis alumnos: Agustín. Como les mencioné arriba, él es un alumno callado, tímido, y un tanto cohibido. Era muy difícil hacerlo participar, casi no quería hablar. Le hacías preguntas y no contestaba, sólo respondía aquello que pudiera contestarse con un sí o un no. A como pude lo hice participar y pude notar que no sabía muchas cosas que sus compañeros (de su misma edad y grado) ya dominaban.

Se llegó el momento de aplicar el examen diagnóstico y me senté por un lado de Agustín para ayudarlo a contestar el examen. Leerle las instrucciones principalmente, pues lee con mucha dificultad, y su escritura es todavía más pobre. Pasado un rato, dejé a Agustín solo para que terminara de contestar el examen.

No recuerdo que me iba a poner a hacer cuando noté a Agustín tallándose el ojo izquierdo como si algo le molestara, cuando me acerqué a checar vi que tenía el ojo rojo así que le pregunté que sí que le había pasado y, como era de esperarse, no respondió. Supuse que se habría picado con el lápiz y por eso tenía el ojo rojo, así que sólo le sobé el ojito y me limité a decir cariñosamente “Ya, ya, no tienes nada”.

Una vez habiendo terminado el examen, los niños pasaron al pizarrón (incluido Agustín) a escribir los números del 1 al 10. Después, les entregué una hoja para que colorearan los números que encontraran escondidos. Todo parecía ir bien, cuando de pronto Agustín se me acerca y me dice con su vocecita entrecortada “Maestra ¿puedo ir al baño?” A lo que yo le respondí que sí, pero al ver sus ojos rojos me di cuenta de que no estaba bien así que fui tras él mientras mi compañera Edelmira se quedaba con los demás niños.

Al salir del salón, no sé cómo ni porqué, pero resulto que la mamá de Agustín estaba ahí hablando con el guardia de la incubadora. La mamá, al ver a su niño, le preguntó “¿qué tienes papi?” y al no ver respuesta del niño volvió al decir “¿qué tienes?”. La madre preocupada volteó a verme como con cara de ¡¿qué paso?! Y yo, con la misma cara, no dije nada pues no tenía la más mínima idea de lo que estaba sucediendo.

En eso, el niño fue corriendo a los brazos de su madre y comenzó a llorar diciendo “Es mucho”. Luego, la mamá voltea a verme y me dice “ahorita va”. Yunier (la encargada de la incubadora) sale también, al escuchar el llanto del niño, y se puso a hablar con él.

Yo regresé al salón sin saber qué hacer. Agarré el ejercicio de los números, una crayola y salí del salón para dárselo a la madre y le dije “para que el niño lo termine”. La mamá me dio las gracias y me dijo algo de un problema en las piernitas del niño y que por eso se ponía así. La verdad yo al niño jamás le noté nada y supongo que la mamá me dijo eso porque le daba vergüenza cómo se había puesto su niño. No dije más, sólo sonreí y regresé al salón.

Mientras los niños terminaban con el ejercicio Yunier entró al salón para decirme que Agustín se iba a ir ya a su casa que porque decía que “era mucho colorear.” Yo dije que estaba bien y le entregué las cosas de Agustín para que se las diera. No pasó mucho tiempo cuando, casi al terminar la clase, entran al salón Agustín y su mamá. La señora dice “entrégaselo a la muchacha hijo” (refiriéndose a la crayola que le había dado para colorear los números”. El niño, tímidamente me entregó el crayón verde, a lo que yo le contesté “gracias”.

Y antes de que pudiera darse la vuelta, volví a hablar y le dije al niño “ven para que le pongas un sello a tu trabajo”. El niño escogió entre los sellitos de rana cuál era el que quería y lo puso en su hoja. “Listo” dije, “un sellito de rana trabajadora”. El niño sólo me miraba, y yo, mirándolo también le pregunté “¿nos vemos el Lunes?”. Agustín volteó a ver a su mamá como preguntándose que debía decir, a lo que la mamá le preguntó “¿vas a venir el Lunes papi”. El niño no decía nada, así que su mamá volvió a preguntar “¿vas a venir?”. Finalmente el niño dijo que sí y todos pudimos vivir felices para siempre (o eso espero).

Respecto al resto de la clase, la presentación, el establecimiento de reglas y el examen diagnóstico tomaron más tiempo del esperado por lo que sólo alcanzamos a ver uno de los tres temas que habíamos planeado para la sesión. Espero logremos ponernos a la par la semana siguiente. Por lo pronto, les dejo unas cuantas fotos del primer día de mi clase.