En nuestro primer día de clases y saltándose
la típica introducción en donde todos se presentan, la maestra se apresura a
explicarnos que esta materia debe verse como dos cosas separadas pero
relacionadas: el trabajo en clase y el trabajo en la comunidad. Razón por la
cual este escrito (y los futuros) se encuentra dividido en dos. De esta manera
podré redactar mis experiencias desde dos escenarios diferentes.
Una vez hecha la aclaración, la maestra
prosigue a explicarnos la dinámica de las clases, pero no de las clases que estábamos
recibiendo sino de las clases que serían impartidas por nosotros mismos en la
incubadora social de nuestra universidad. Aquella noticia no fue ninguna
sorpresa para nosotros, pues semestre tras semestre hemos escuchado de boca de
nuestros compañeros más grandes todas las historias, peripecias, aventuras, quejas
y leyendas urbanas acerca de esta materia y de las clases que deben impartirse
para poder acreditar las 60 horas de servicio social que vienen “incluidas” en
el curso.
Asimismo, en el combo también se incluye
un blog (este mismo que me encuentro escribiendo), el cual forma parte
importante de nuestra calificación (como todo lo demás). Este peculiar
requisito causó revuelo entre todos nuestros compañeros, pues si bien sabemos
lo que son los blogs, jamás nos hemos detenido a ver cómo funcionan (mucho
menos a escribir uno, cosa que ya no me parece tan difícil).
Entre dudas y estudiantes confundidos,
asustados y/o resignados en mi mente surgía la pregunta: ¿De qué cosa puedo dar
clases para no sufrir (tanto), ni hacer sufrir a mis alumnos? Lo cual nos lleva
a la segunda parte de esta reflexión…
En la comunidad
Debo confesar que la sola idea de ser
maestra desata en mí una flojera inmensa, además de una pizca de angustia pues
no soy la persona más paciente del mundo a la hora de explicar y considerando
que los alumnos son niños… ¡ya se imaginarán!
Sin embargo, la idea de contribuir en
algo (por más mínimo que sea) a la educación de mi país es lo que me motiva a
dar lo mejor de mi hacia este proyecto. A pesar de todos los contratiempos que
sé que pueden existir, acepto el reto y me comprometo a cumplirlo de la mejor
forma posible, pues si algo creo firmemente es que “A quienes mucho se ha dado, mucho les será
exigido.” ~ John F. Kennedy.

Estoy de acuerdo contigo sobre lo pesado que puede ser dar clase a niños, ademas del tiempo que tomara hacerlo y tendremos complicaciones con nuestro horario. Pero saber que nosotros podemos ayudar a niños a tener un apoyo extra para ayudarlos creo que valdrá la pena el esfuerzo que tendremos que hacer.
ResponderEliminarHola Génesis, comparto contigo el aspecto que yo tampoco tengo mucha paciencia para explicar a otras personas, mucho menos cuando les cuesta entender rápido, pero espero que estas actividades nos beneficien a ambas y a todos los que sufran este problema, para hacernos mas tolerantes y al mismo tiempo sea mas fácil para nosotros absorber todos los conocimientos y experiencias que se obtienen al dar clases.
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